Leyenda de los aborigenes australianos
Tuesday, May 27, 2003
Dos hombres, uno de ellos joven y otro adulto, habían estado caminando en silencio durante algún tiempo. El sol se elevaba lentamente por el este y la brisa acariciaba los árboles, mientras los pájaros cantaban en sus ramas.
Eran momentos de gran felicidad para el joven. Le reconfortaba sentir el sol en la espalda y la brisa sobre su rostro. Le encantaba estar con aquel cazador experimentado se su tribu, que le enseñaba a seguir las huellas de los animales, distinguir entre las diferentes plantas y, en general, a descubrir los secretos del bosque.
El hombre adulto no dejaba de mover las manos, enseñándoles las diferentes cosas. Algunas veces se detenía se agachaba para examinar la tierra junto a un nido de abejas, otras para excavar dentro de una cueva de iguanas. Y cada vez que hacía algo de esto, le indicaba al joven que debía recordarlo para hacerlo por sí mismo más adelante.
Para el muchacho se trataba de una aventura fascinante.
Mientras caminaban, el joven pensó en voz alta:
-Es como si estuviera viviendo un sueño.
-¿Un sueño?- le preguntó el adulto-. Sí, podríamos decir que sí. Todo lo que aprendemos aquí viene del tiempo que llamamos el Gran Sueño.
Tras pronunciar estas palabras, el adulto se sentó debajo de un gran alcornoque.
Reflexionó durante algunos minutos, y de pronto empezó a hablar:
-El Gran Sueño- dijo. Dio un gran suspiro, y liego continuó-: Hace mucho de aquello, quizá más se cincuenta mil años. Pertenece al tiempo en que fue creado el mundo. Verás, mucho antes de aquello, la tierra era plana y estaba muerta. No había montañas, ni luz, ni vida. No había nada. Todo estaba oscuro, silencioso e inmóvil. No había viento, nada se movía.
“Pero, de repente, el mundo se abrió con gran estrépito y de sus entrañas salieron unos seres gigantescos que se pusieron a deambular por todas partes. Mientras viajaba, esas gentes del gran Sueño hacían lo mismo que los hombres de ahora: acampaban en chozas, cavaban en busca de agua, cazaban y adoraban a sus dioses.”
El hombre interrumpió su relato por unos segundos y los ojos deslumbrados de su joven compañero le incitaron a continuarlo:
-Mientras se movían por la Tierra, aquellos seres crearon todas la criaturas que hoy la pueblan. También crearon las montañas, los ríos y los mares. Ellos hicieron todas las cosas.
Eran momentos de gran felicidad para el joven. Le reconfortaba sentir el sol en la espalda y la brisa sobre su rostro. Le encantaba estar con aquel cazador experimentado se su tribu, que le enseñaba a seguir las huellas de los animales, distinguir entre las diferentes plantas y, en general, a descubrir los secretos del bosque.
El hombre adulto no dejaba de mover las manos, enseñándoles las diferentes cosas. Algunas veces se detenía se agachaba para examinar la tierra junto a un nido de abejas, otras para excavar dentro de una cueva de iguanas. Y cada vez que hacía algo de esto, le indicaba al joven que debía recordarlo para hacerlo por sí mismo más adelante.
Para el muchacho se trataba de una aventura fascinante.
Mientras caminaban, el joven pensó en voz alta:
-Es como si estuviera viviendo un sueño.
-¿Un sueño?- le preguntó el adulto-. Sí, podríamos decir que sí. Todo lo que aprendemos aquí viene del tiempo que llamamos el Gran Sueño.
Tras pronunciar estas palabras, el adulto se sentó debajo de un gran alcornoque.
Reflexionó durante algunos minutos, y de pronto empezó a hablar:
-El Gran Sueño- dijo. Dio un gran suspiro, y liego continuó-: Hace mucho de aquello, quizá más se cincuenta mil años. Pertenece al tiempo en que fue creado el mundo. Verás, mucho antes de aquello, la tierra era plana y estaba muerta. No había montañas, ni luz, ni vida. No había nada. Todo estaba oscuro, silencioso e inmóvil. No había viento, nada se movía.
“Pero, de repente, el mundo se abrió con gran estrépito y de sus entrañas salieron unos seres gigantescos que se pusieron a deambular por todas partes. Mientras viajaba, esas gentes del gran Sueño hacían lo mismo que los hombres de ahora: acampaban en chozas, cavaban en busca de agua, cazaban y adoraban a sus dioses.”
El hombre interrumpió su relato por unos segundos y los ojos deslumbrados de su joven compañero le incitaron a continuarlo:
-Mientras se movían por la Tierra, aquellos seres crearon todas la criaturas que hoy la pueblan. También crearon las montañas, los ríos y los mares. Ellos hicieron todas las cosas.